Page 7 - Calendario Liturgico 2020-21
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EL AÑO LITÚRGICO Y EL CALENDARIO

               El curso del año

               1.  La santa Iglesia celebra la memoria sagrada de la obra de la salvación
                  realizada por Cristo en días determinados durante el curso del año.
                  En cada semana, el domingo —por eso es llamado «día del Señor»—
                  hace memoria de la Resurrección del Señor, que, una vez al año,
                  en la gran solemnidad de la Pascua, es celebrada juntamente con su
                  Santa Pasión.
                  Durante el curso del año, la Iglesia conmemora todo el misterio de
                  Cristo, desde la Encarnación hasta el día de Pentecostés y la expecta-
                  ción de la venida del Señor; y conmemora los días natalicios de los
                  santos (NUALC, 1).

                  Conmemorando así los misterios de la Redención, abre las riquezas
                  del poder santificador y de los méritos de su Señor, de tal manera que,
                  en cierto modo, se hacen presentes en todo tiempo para ponerse en
                  contacto con ellos y llenarse de la Gracia de la Salvación (SC, 102).
                  En los diversos tiempos del año litúrgico, según las prácticas tradi-
                  cionales, la Iglesia va instruyendo a los fieles por medio de ejercicios
                  piadosos del alma y del cuerpo, de la enseñanza, de la oración y de
                  las obras de penitencia y misericordia. La celebración del año litúrgi-
                  co posee una peculiar eficacia sacramental, ya que Cristo mismo es el
                  que en sus misterios, o en las memorias de los santos, especialmente
                  de su Madre, continúa la obra de su inmensa misericordia, de tal
                  modo que los cristianos no solo conmemoran y meditan los misterios
                  de la Redención, sino que están en contacto y comunión con ellos, y
                  por ellos tienen vida (CO, 231).
                  Esfuércese el obispo para que el espíritu de los fieles se oriente sobre
                  todo a las fiestas del Señor y a guardar en su significado espiritual
                  los tiempos sagrados del año litúrgico, de forma que lo que en ellos
                  se celebra y se profesa con la boca sea creído por la mente, y lo que
                  cree la mente, se manifieste en el comportamiento público y privado
                  (CO, 232).












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